jueves, 16 de enero de 2014

Window.

 Estaban encerrados en esa habitación. Todo era asquerosamente igual que siempre. Las mismas miradas, las mismas caricias y las mismas palabras de amor. Todo era una rutina. Una rutina a la que el se había aferrado como si pudiera escapársele entre los dedos. Ella, odiándose a si misma, miraba cada día por la ventana de esa habitación sabiendo que cuando el regresara esa rutina volvería a torturarla.
El amor que sentían el uno por el otro era extremadamente fuerte, ni siquiera esa vida de mierda que llevaban había acabo con ellos. Todo cambiaba a su alrededor, las hojas de los árboles caían y volvían a nacer, mientras ella seguía mirando por esa ventana esperando la rutina.
El intentaba demostrarle a diario cuán grande era lo que ellos tenían, lo que habían creado juntos. Ella era consciente de eso. Sabía que era la historia de amor más bonita jamás escrita. Hasta este sentimiento, terminó siendo rutina. Pero se amaban, de eso no había duda.
Un día el salió a  su trabajo y dejó la puerta abierta. Ella corrió escaleras abajo como si tuviera que llegar a un sitio en poco tiempo. Corría. Corría. Corría cada vez más deprisa. No sabía cuándo iba a parar. Veía el futuro ahí delante, veía una vida sin rutina. Algo nuevo. Algo especial y a la vez normal. La felicidad se reflejaba en su cara.
El llegó del trabajo, esperando encontrarla en la cocina con su delantal de mariposas haciendo algún tipo de postre extraño. No estaba. La buscó. No la encontró. En el fondo, aunque nunca lo reconocería, sintió alivio. Y, entonces, sonó el teléfono.











 Este look es uno de mis favoritos. Principalmente el abrigo máxipeludo (que abriga muchisimo) es de Vidrio de hace mas de 15 años. La camisa la encontré, por suerte, en una tienda de segunda mano por 1'50€. Los pantalones son de Lefties de estas navidades de 7'90€ (supongo que ahora estarán rebajados), medias y calcetines de Primark (3€ cada cosa) y zapatos, otra vez, por cortesía de Pamela. 
Listas para la noche con un look muy ochentero y, a la vez, muy actual. 
El 2014 ha empezado para el Gato de Cheshire y pensamos quedarnos por aquí todo el año, dando de que hablar.

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